Si dejamos aparte la cleptomanía y el asesinato, poco frecuentes, los principales rasgos de los coleccionistas les convierten en personas peculiares, raras, si bien no peores que las demás, pues son:

  • objetoadictos, pero -ya desde la Prehistoria- la inmensa mayoría de los seres humanos somos pluridrogadictos o politoxicómanos: al tabaco, al café, al carajillo, a la cerveza, a la coca-cola, a los analgésicos, al fútbol, a los culebrones y otras variedades de la telebasura, a las diversas modalidades de juegos de azar, al bacalao, al chocolate, a los coches o a las motos, al cilicio o al silicio… Y por encima de todo, al dinero, el único dios verdadero según canta con razón Joaquín Sabina.
  • fetichistas, como todo el mundo: lo son quienes guardan amorosamente fotografías y recuerdos familiares, los fans de un cantante o grupo musical, los devotos de un Cristo o una Virgen, los hinchas de un equipo de fútbol (no sus directivos, que suelen buscar obscenamente el lucro), las personas que se creen cultas porque soportan largas colas para ver una exposición de moda… Y más aún los que pujan en Internet para conseguir cualquier objeto sacralizado por un falso dios como Elvis Presley, John Lennon o Lady Di.
  • bulímicos y compulsivos, pero les ayudan a autocontrolarse las limitaciones de tiempo, dinero y espacio.
  • competitivos: la rivalidad está en la base del juego, del deporte, de la caza y del coleccionismo (el bibliófilo, dominado por la cupiditas rariorum librorum, es un bookhunter, practica denodadamente la venatio librorum). Connolly se refiere a «la envidia, la vanidad y la competencia entre bibliófilos», la cual llega al extremo patológico de adquirir un segundo ejemplar de un libro sólo por el placer de privar de él a un colega-competidor, o no venderle un duplicado por el mismo motivo.
  • exhibicionistas, solitarios e inseguros, sedentarios, sensibles y perfeccionistas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *