El señor Marx es judío de origen. Reúne en sí todas las cualidades y todos los defectos de esa raza capaz. Nervioso hasta la poltronería, según algunos, es excesivamente ambicioso y vanidoso, pendenciero, intolerante y absoluto como Jehová, el dios de sus antepasados, y, como él, vindicado hasta la demencia. No hay mentira ni calumnia que no sea capaz de inventar y de difundir contra el que ha tenido la desgracia de suscitar en él la envidia o, lo que viene a ser lo mismo, el odio. Y no hay intriga innoble ante la cual pueda detenerse si, en su opinión, por lo demás casi siempre errónea, esa intriga puede servir para reforzar su posición, su influencia o para la difusión de su fuerza. En este sentido, es un político consumado.
Tales son sus cualidades negativas. Pero tiene sus cualidades positivas. Es muy inteligente y excesivamente sabio.
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Es raro encontrar un hombre que sepa y lea tanto, y que lea tan inteligentemente como el señor Marx. El objeto exclusivo de sus estudios era ya entonces la ciencia económica. Estudió con extrema atención a los economistas ingleses, que sobrepasaban entonces a todos los demás por el carácter positivo de sus conocimientos, por una mentalidad práctica construida sobre los hechos económicos ingleses, por la crítica severa, por el atrevimiento concienzudo de las conclusiones. Pero a todo eso el señor Marx agregó dos elementos nuevos, primero la dialéctica más abstracta, la más curiosamente sutil, adquirida por él en la escuela de Hegel y que llevaba a menudo la perversidad con una habilidad de malabarista, y además el punto de partida comunista.
El señor Marx ha leído naturalmente y releído a todos los socialistas franceses, desde Saint-Simon a Proudhon inclusive; como se sabe odia a este último y no hay ninguna duda que en la crítica despiadada dirigida por él contra Proudhon hay mucho de verdadero: Proudhon, a pesar de todos sus esfuerzos para colocarse en el terreno práctico, ha permanecido, sin embargo, idealista y metafísico. Su punta de partida es la idea abstracta del derecho; del derecho va al hecho económico, mientras que el señor Marx, en oposición a Proudhon, ha expresado y demostrado la verdad indudable, confirmada por la historia pasada y contemporánea de la sociedad humana, de los pueblos y de los Estados, que el factor económico ha precedido siempre y precede al derecho jurídico y político. En la exposición y la prueba de esa verdad consiste uno de los más importantes servicios científicos prestados por el señor Marx.