No pretendo hablar aquí de aquellos que, con llamarse individualistas, creen justificarse de cualquier acción repugnante y que tienen tanto que ver con el anarquismo como los esbirros con el orden público del cual se creen defensores, o como los burgueses con los principios de moral y de justicia con los que a veces intentan defender sus homicidas privilegios.
Tampoco pretendo hablar de aquellos anarquistas que se llaman «individualistas en los medios», los cuales, en la lucha que hoy combatimos, prefieren, o exclusivamente admiten acción individual, sea porque la creen más eficaz, sea por medidas de prudencia, o porque temen que una organización cualquiera, una inteligencia colectiva cualquiera, redundaría en menoscabo de su libertad.
Hablaré del individualismo como filosofía, como concepción general de la naturaleza de las sociedades humanas y de las relaciones entre individuo y colectividad, en cuanto aquel individualismo está profesado (a veces hasta sin darse cuenta) por parte de los anarquistas.